En un intento desesperado por manipular el mal estar, el Rey tiró todo por la ventana y gritó al viento lo que deseaba. Gritó con tantas fuerzas y con los puños cerrados para enfrentarle que éste le contestó alejándo las nubes del cielo para que el sol le iluminara directamente. Le hizo ver toda la verdad. Que no debía morir por su reino, que dejara de destruirlo con su creencia absurda. El trono puede seguir siendo suyo pero que debía gobernar de otra manera. <La duda te cegó, mil veces susurré que debías tomar otro camino. Hasta revolví las nubes para que vieras en tus noches como eterno espectador de la luna. Pero no querías ver> le dijo el viento. Entonces comprendió todas y cada una de las señales, que no sólo estában en las nubes sino en el tiempo mismo quien se le burlaba.
<Tuve el deseo y sentimiento más maravilloso y enorme del mundo entero. Sigo teniéndolo intácto pero esta vez es diferente. Me siento más ligero, antes era un peso aplastante que confundía. Inclusive recobré lo que creí perdido tiempo atrás. La claridad en mi mente refleja, como un espejo, otra opción...> decía mientras caminaba hacia la ventana <Seguiré reinando. Modificaré todo y tiraré abajo todos los muros. La razón por la que tanto deseaba ya no es mía, no me pertenece y todo es perfecto tal cual. No debe ser destruido sino atesorado.> Dijo derramando lágrimas de tristeza, contradecidas por la calma en su corazón.
Voltea para notar que en el centro de su habitación el tiempo le mira serio por cortos lapzos, observándo y calculándole. <Ten cuidado la próxima vez> Le advirtió devolviéndole la libertad con una leve sonrisa.
Aceptó su enseñanza, aprendió la lección y continuó con su vida apreciando bajo la cálida caricia del sol su reino desde su ventana. No sabe lo que le espera. Pero que le enfrentará decidido pues forjó dentro de sí una herramienta que le ayudaría a sobrellevar cualquier carga como así tanbién superar obstáculos.
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